Kintsugi: El arte de no esconder las grietas
Kintsugi: El arte de no esconder las grietas
HISTORIA
El Kintsugi (金継ぎ, reparar con oro) es un proceso de reparación de cerámica tradicional y exclusivo de Japón. El objetivo de este es mostrar el daño y roturas de la pieza cerámica en vez de ocultarlas, embelleciendo las zonas afectadas con polvo de oro o de otros metales preciosos como la plata.
Esta artesanía surge hace más de cuatrocientos años. Se teoriza que su aparición está relacionada con un renacer de la cultura zen en Japón durante el siglo XV, momento en el que rituales como la ceremonia del té tienen su comienzo. Sumado a eso, los sets de porcelana ceremonial e importada de china eran de muy alto valor en la época, por lo que no es de extrañar que quisieran reconstruirlos manteniendo su belleza original. Sin embargo, su verdadero origen es desconocido.
En la tradición popular existen varios mitos que explican la aparición del Kintsugi, el más conocido narra cómo el shogun (将軍, o comandante del ejército) Ashikaga Yoshimasa, después de enviar a China un cuenco de porcelana para su reparación, lo recibió reparado con grapas. El shogun, disgustado por su apariencia, pidió a uno de sus artesanos que encontrara un método que fuera más atractivo a la vista.
LA TÉCNICA ORIGINAL
El Kintsugi está tradicionalmente relacionado con el uso de la laca natural o savia del árbol de laca (Urushi en japonés), que se usa como pegamento y relleno entre las piezas que finalmente se cubren con polvo dorado.
Este proceso se da en varias partes. Primero los fragmentos rotos se recogen y se reconstruye la forma original de la cerámica para posteriormente usar la laca urushi. Es importante saber que la laca natural es tóxica mientras está en estado líquido, por lo que siempre se debe usar protección en su uso.
Posteriormente la laca se mezcla con harina para crear un pegamento más denso que se aplica en el anverso y reverso de las fracturas. En caso de tener una pieza faltante, se crea una mezcla de Urushi con piedra molida con la que se recrea el fragmento.
La parte más larga del proceso comienza una vez se ha limpiado el exceso de laca y pegamento, donde se enrolla la pieza de forma firme para fijarla correctamente y se deja secar en un lugar húmedo con temperatura estable para evitar fracturas por los cambios drásticos de las condiciones ambientales. El proceso de secado puede durar semanas o incluso meses.
A continuación, se pulen sutilmente las zonas de enlace para igualar las irregularidades. Seguidamente se pintan las grietas con laca negra siguiendo el patrón con un pincel fino, para volver a pulir la obra y dejarla secar varios días. Para terminar se vuelve a pintar sobre las grietas con laca roja y se añade polvo de oro o de otro metal para darle su característico estilo.
EN LA ACTUALIDAD
Este arte se ha usado históricamente como una metáfora de resiliencia, y de cómo nuestras cicatrices son las que nos hacen únicos. Hoy en día se ha convertido en una práctica relacionada con la meditación, la autoaceptación y la relajación en momentos de estrés, así como un referente estilístico tanto en obras de arte como en mobiliario y diseño de interiores a nivel global.
El kintsugi es uno de los muchos ejemplos del renacer de la cultura asiática en el mundo moderno y de cómo su influencia sigue creciendo a lo largo del globo.
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