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El caso de Margaret Thatcher y China: Hong Kong

El caso de Margaret Thatcher y China: Hong Kong

El caso de Margaret Thatcher y China: Hong Kong

La noticia de la muerte de Margaret Thatcher inundó las portadas de la prensa internacional y de las redes sociales chinas. En Clicasia, como academia de chino, creemos que es un buen momento para reflexionar sobre las relaciones que China mantuvo con el Reino Unido en aquellos años.

Margaret Thatcher fue una figura clave en las relaciones entre China y Reino Unido durante los años ochenta y noventa. Según el profesor de la China Moderna en la Universidad de Oxford, Rana Mitter, en declaraciones con China Daily, Thatcher «a pesar de que siempre estaba decidida en la defensa de lo que ella consideraba los intereses nacionales británicos, también comprendió la importancia del pragmatismo y de las buenas relaciones con China».

«Hablando con franqueza, la soberanía no es una cuestión que se pueda debatir. El tiempo ha madurado, así que debemos decirlo claramente: en el año 1997 China recuperará Hong Kong».

En el marco de las negociaciones que la primera ministra británica llevó a cabo con China, la primera intención de ésta fue mantener la presencia inglesa en Hong Kong. La Dama de Hierro tenía la intención de ceder la soberanía a China, manteniendo una influencia decisiva en la administración.

No obstante, topó con el ánimo insobornable de Deng Xiaoping, quien pronunció supuestamente: «Hablando con franqueza, la soberanía no es una cuestión que se pueda debatir. El tiempo ha madurado, así que debemos decirlo claramente: en el año 1997 China recuperará Hong Kong». La entonces primera ministra quedó muy sorprendida de las firmes palabras de su homónimo chino.

A Margaret Thatcher no le quedó más remedio que olvidar su plan. La validez de una soberanía inglesa sobre los territorios chinos radicaba en una serie de tratados que las potencias occidentales impusieron sobre China durante el siglo XIX y que China consideró como desiguales. Para Deng Xiaoping, esos acuerdos no tenían ningún tipo de vigor. Para él, no recuperar Hong Kong era síntoma de continuar con el gobierno imperialista de los Qing, débil y anticuado. El diciembre de 1984 se firmó la Declaración Conjunta sino-británica, que debía mantener el status quo de la colonia.

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