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A pesar de las caras de circunstancia y el frecuente cruce de acusaciones entre los países vecinos, el presidente chino, Xi Jinping, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe,parecen no estar dispuestos a dejar pasar las escasas oportunidades de reunirse para impulsar el deshielo de las relaciones bilaterales. Los líderes de las dos mayores potencias de la región volvieron a encontrarse este miércoles en el marco de la conferencia Asia-África que se celebra en Yakarta, solamente seis meses después de hacerlo en Pekín durante la cumbre de la APEC. Todo un hito teniendo en cuenta que ambos llegaron al poder a finales de 2012 y nunca antes habían conversado.

Durante el encuentro, solicitado por la parte japonesa y de aproximadamente media hora, Xi aseguró que China «está dispuesta a intensificar el diálogo para reforzar la confianza mutua». También habló de crear un consenso social que defienda que ambos países «son socios que no imponen amenazas el uno al otro», según la agencia oficial china Xinhua. Abe señaló a la prensa nipona que las relaciones bilaterales «han mejorado desde noviembre» y expresó su voluntad de «seguir avanzando en la cooperación para lograr la estabilidad regional».

En esta ocasión ambos líderes se mostraron -al menos ante las cámaras- menos fríos en comparación con su primer encuentro de noviembre, cuando parecía que evitaban el contacto visual directo y los gestos fueron poco conciliadores, principalmente por parte de Xi. El apretón de manos de este miércoles fue más intenso y hasta se le pudo intuir una leve sonrisa.

El encuentro se produjo pocas horas después de que Abe expresara en un discurso su «remordimiento» -aunque no perdón- por los actos cometidos por Japón durante la II Guerra Mundial. El martes, sin embargo, decidió hacer llegar una ofrenda al polémico santuario de Yasukuni, recinto en el que se rinde tributo a los 2,5 millones de japoneses muertos en distintos conflictos bélicos -entre ellos una decena de condenados por crímenes de guerra-.

Los homenajes de Abe nunca sientan bien a sus vecinos asiáticos y en esta ocasión el calendario ha jugado una mala pasada al primer ministro nipón, que un día después se ha sentado en la misma mesa que Xi. «A pesar de decir que Japón y él mismo sienten un profundo remordimiento por la guerra pasada, los verdaderos sentimientos de Abe sobre el asunto se expresaron el martes», arremetió Xinhua en uno de sus comentarios.

Los habituales homenajes de Abe a los caídos japoneses irritan especialmente a China y a Corea del Sur, que fueron las principales víctimas del expansionismo nipón durante la Segunda Guerra Mundial y ven el santuario como un símbolo del pasado militar del país asiático. El legado de la ocupación nipona, junto a la disputa sobre la soberanía de las islas Diaoyu (en mandarín) o Senkaku (en japonés), son la principal fuente de roces entre las dos grandes potencias de la región.

Durante su primer encuentro, Xi y Abe reconocieron la existencia de «posiciones diferentes» en el contencioso sobre las islas y se comprometieron a establecer un mecanismo para evitar que sus roces puedan degenerar en situaciones más graves, pero las diferencias en la percepción de los actos cometidos por el Ejército nipón siguen siendo el gran escollo para normalizar las relaciones. En este sentido, Xi le pidió hoy a Abe que «trate seriamente» las preocupaciones de sus vecinos asiáticos y que «envíe señales positivos» en este ámbito.

China y Corea del Sur exigen que Abe pida disculpas abiertamente como lo hicieron varios de sus antecesores. Sus palabras son objeto de escrutinio en un año especialmente significativo al cumplirse el 70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial. El punto álgido llegará el 15 de agosto, día de la rendición de Japón, en el que en otras ocasiones anteriores líderes japoneses han pedido disculpas a otros países pero que este año podría no ser así: «Estoy de acuerdo con la idea básica expresada en anteriores disculpas, por lo que no hay necesidad de reiterarla de nuevo», avisó Abe hace unas semanas. Hoy, ante su primer ensayo general, cumplió su palabra.